Asistí a una escuela católica durante 13 años, incluyendo el jardín de infancia, y aprendí tantas cosas sobre el Hijo de Dios. Lo que más me gustaba aprender de Jesucristo era su empatía y amabilidad inquebrantables. Durante gran parte de esos años escolares, nunca pensé cuestionar los ojos azules y la piel de marfil con la que solían representarlo. Cuando llegué a la secundaria y supe geográficamente dónde estaba Jerusalén, me di cuenta de que no había manera de que pudiera haber tenido ese aspecto.
Aunque ya no soy una católica practicante y ahora soy bastante escéptica, cada vez que alguien describe un encuentro en el que Jesús se parece más al hombre del Medio Oriente que probablemente fue, me siento mucho más propensa a considerarlo.
Gabe Poirot iba en patineta sin casco, a 30 millas por hora, cuando golpeó algo en la carretera.
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Lucía Hernández
Periodista y creadora de contenidos mexicana, especializada en estilo de vida y temas del día a día. Me gusta contar historias cercanas, útiles y fáciles de leer, pensadas para acompañar la vida cotidiana. Creo en una información clara, humana y accesible para todos.